jueves, 30 de octubre de 2025

Átomos dispersos.

Me echo de menos. Me echo mucho de menos. No sé dónde estoy.

Me echo de menos hasta el punto de contar segundos del día. Hasta el punto de levantarme y acostarme en un parpadeo. Hasta el punto de que la música me busca a mi, y ya no la busco yo a ella.

No sé hasta qué momento me echaré de menos, pero creo que si sigue más profundo llegaría al átomo de mi creación.

Al último átomo de tinta.

Al primer átomo de caricia en mi piel.


Sé, a ciencia cierta, que sin ellos no sería yo. Sé, a ciencia muy cierta que a ti, que sé que me lees, te llevo de mezcla en mi ser. Te llevo de base en mi corazón.

Sé que tengo sangres mezcladas y que con la mía sola no podría ni respirar.

También te llevo a ti, que sé que no me lees, que sé que no estás. Porque las flores también rompen el asfalto y las raíces deforman el paisaje.


A veces pienso que no son explosiones, que no son picos ni necesidades esto que me surge. A veces, pienso que me he hundido tanto en la vida adulta y en mi oscuridad que para resurgir, cuando ya miro hacia arriba, solo veo esa luz característica que sale de vuestra representación. Y son ellas las que hacen que lata mi corazón con esta fuerza.

La realidad: la vida adulta es una excusa, porque no tengo recuerdos de otra forma de vivir que no haya sido así, sin contar con los corazones que me rodean. Resulta irónico pensar en la independencia que desprendo y que realmente no pueda caminar sin ellos.

No sé cuántos años han pasado desde que empecé a escribir, ni cuántos años han pasado desde que aparecieron en mi vida. Pero sé que no puedo explicar lo que siento ni voy a poder hacerlo nunca. Lo siento, creo que es mi mayor defecto.

Las palabras que no sé sacar de mi ser, las intento transformar en algo que no se ve pero que sé que recibís. Sé que se siente.

Con el alma, con la vida y con el ser. Eso será para siempre.

jueves, 24 de noviembre de 2022

Amparo.

Qué tendrá tu nombre que te rodean historias indescriptibles.
De fortaleza.
De desamparo.
De lucha.
Qué tendrá el tuyo, Amparo, que sin conocerte me preocupas, aunque a la vez no quiera ninguna carga.
Que sin conocerte ni pretenderlo, me has llegado al alma, aunque pueda ser temporal. Pero ahora pincha.
Lo impactante de ver un momento de vulnerabilidad personal y que sea yo, una completa desconocida, la que te acompañe. Hay tantos tipos de vida como personas, pero el saberlo no hace que impacte menos. Y es impactante ver la gravedad de ciertas cosas, ver la importancia, la inactividad, la soledad o la depresión frente a ello.
La vida puede llegar a ser cansada y a veces se refleja en un rostro cansado, arrugado, triste, vacío, o incluso con la felicidad que da tu familia: los animales. En una voz... El sonido de una voz.
Siempre es más compleja de lo que se ve.

miércoles, 24 de febrero de 2021

Cobarde.

Aún te recuerdo. Aún recuerdo tu risa nerviosa, tu risa grande, la risa falsa. Es curioso, recuerdo mucho el sonido de tu risa, era muy particular. 

Recuerdo muchas cosas, en pasado, porque es lo que me queda, lo que me dejaste. Un día a día que nunca antes tuve, que quizás supe o no llevarlo, pero bien aprovechado. Una mano tendida si necesitaba algo. No te importaba hacer lo que fuera, nunca te molestaba. Y terminé aceptándolo y aprendiendo a dejarme ir en que no te molestaba, era gratificante. Me quedo con eso para siempre.
Una pizca (no tan grande) de curiosidad, apuntarte a hacerlo todo aunque a veces te tuviera que empujar (pero qué bien quedaba después). Aunque poco a poco costaba más empujarte en algunas cosas, y yo tenía menos fuerza. 
Quizás no llegamos a explotar, pero sí ardimos, ardimos mucho internamente. Te debo felicidad, estabilidad, parte de madurez y con un día a día tan agradecida que desconocía... 
Tantos momentos y tanto tiempo compartido, tanto de mucho y tanto de poco. No tengo otras palabra que gratitud enorme, y tristeza interior enorme también. 

Aún eso me sigue quemando por dentro. Me sigo obligando a aceptar que ya no hay nada en mi mano, nada más que hacer desde este lado, nada más por insistir al aire. Y sigo sin pretender nada, creo, no por 'esto' lo pretendo. 

sábado, 26 de diciembre de 2020

Mi chica.

Qué pequeñita y delicada eras...
Te fuiste con él, casi como él.
Lo pasaste muy mal en tus últimos días y me mata saber que te fuiste solita o sufriendo.

Qué suerte, qué suerte haberme podido despedir de ti. Menos mal que te cogí, si no, nadie lo haría. Menos mal que descansaste un poco en mi pecho. Ahí te despediste de nosotros, ahí te quedaste ya tranquila, aunque tenías mucho miedo. Siempre fuiste muy miedica, pero con algunas cosas que pasaste no era para menos. 

Ojalá ahora estés con él y te de todo el amor que te faltaba por recibir, te fuiste muy pronto. Todo igual.
 
Nos has dado mucho amor, lo único que querías era amor y atención. Como aquella última vez que viniste a mi habitación, estando malita y sin haberte movido en un par de días... Sabías que yo te iba a coger en mis piernas o te pondría a mi lado en la cama. Como el resto de días, que ya te traía yo; para que pudieras descansar de la campana, estar calentita, sentir a alguien cerca, que te dieran amor, mucho, para acariciarte, para que no te sintieras sola. 

Tus hermanas te van a echar mucho en falta, y nosotros que comprendemos algo más qué ha(s) pasado, también. 

sábado, 7 de noviembre de 2020

A fuego.

Ya casi no recuerdo aquella estación de autobús. Casi no recuerdo los transbordos, casi se me olvida el camino a recorrer hasta aquel portal, que casi tampoco recuerdo, como ese ascensor.
Casi no recuerdo los rincones que obligatoriamente eran parada. 

Casi, casi, no recuerdo aquellos abrazos, a cámara lenta, que son hogar y calor. 

Lo que sí recuerdo es cada promesa que nos hicimos. Cada palabra que salía del corazón. Y que a día de hoy, siguen vivas. Que cada mirada sonreía con verdad, y si no, yo sabía verlo. Que cada mirada sabía sonreír. Que formamos parte de un -uno-. 

Los tatuajes. Los fuertes, los casa, y los corazón. Los que me hablan y yo cumplo. 

Recuerdo el dolor, la felicidad, la incertidumbre, el miedo atroz, el desgarro, la sonrisa, la paz, el huracán. Las letras, los fotogramas. La valentía. Y el desierto final. 

No se me olvidará que igual que me diste todo, también me lo quitaste. Me llenaste y vaciaste casi por igual. Conocí el cielo y el infierno a la vez. Y a día de hoy me acompañan. 

Pero siempre querré volver al que fue mi hogar cada vez que me hunda bajo el subsuelo. Siempre me gustará enseñar mi sonrisa a la que fue pionera, cuando me salga. Siempre podrás verla, calentita, cerca de lo que me queda de corazón. 

Ojalá te tuviese a día de hoy más cerca de mi cuerpo, y poder calentarnos cada vez que lo necesitemos, con ese rodeo al alma que siempre curó cualquier destrozo. Y aunque no lo haga, el calor es suficiente.

Hay que saber rodear almas hoy en día, y no es fácil que sepan ni saber. 

Creo que hace muchísimo que no te lo digo... Te quiero. 

domingo, 25 de octubre de 2020

(In)certidumbre.

Se le notó el miedo. En ese último beso, no quería terminarlo. Todo fue muy deprisa menos él, que fue una breve pausa, un grito en silencio. 
Se me notó el miedo. Las ganas de que no sonase el despertador, o comprarme un billete y volar a su lado.
Volar tan lejos y tan alto.

Se notó el miedo en medio de una pandemia, y la incertidumbre que la inunda. Se notó en las dudas de -merecer y necesidad- bajo el manto de seguridad en una misma.

Una de las cosas que hasta agradezco en estos últimos meses, hoy me desespera y asusta su incertidumbre. Pero "juntas en cada fase". Sea como sea. 

Durante el camino cada vez las canciones iban más directas. Unas manos en mi barriga, al ritmo de un estribillo precioso. Miradas de reojo nuestra especialidad, y miradas directas ya inevitable.

Ella no tiene nombre porque está fuera de este planeta, casi igual que la distancia que nos separa. Cinco días o cinco horas, ya no los diferencio al pasarlos juntas. Incluso cinco minutos valdrían la pena. Pero pediría más. 

Siempre apostamos por y con el corazón, y ojalá secar el mar y quemar kilómetros. Y que me sintiera ahí con ella, bien cerca. 

Le dejo tener tanto miedo como yo misma, pero ojalá siga queriendo verme, con más ganas. En cuanto me dejen, nos dejen. Ojalá con la sonrisa que abraza al verme llegar, al verla acercarse. Y, ojalá, con la luz que nos rodea. 

Porque será(s) lo primero que me dejen hacer como primera necesidad básica. 




miércoles, 22 de julio de 2020

Ciclos de La Luna.

Cómo te dices a ti misma que todo esto "solo es una fase", que todo pasará, vendrá algo nuevo, el ciclo se cerrará. Cómo te dices que en el agujero en el que estás metida, hay una salida, y que ya llegará el momento de salir.
Ya sabes y tienes asimilado que todo en la vida son fases, momentos, acciones. Sabes que todo pasa. Pero cómo lo aceptas cuando estás en lo oscuro. Cómo haces para frenar en seco, pensar en frío y comenzar a abrir los ojos (aún más).
Quizás todo son ciclos, pero ciclos absolutamente diferentes. Y sí, con lo aprendido en el anterior te sirves para comenzar este, pero tanto el ciclo como tú, sois totalmente diferentes. 
Y ahora qué.
Que las fases, ciclos y caras de la luna son siempre los mismos. Porque estoy en la misma ciudad, en el mismo país del mismo continente desde que nací.
Pero en la vida real, nunca es la misma ciudad en la que pasas cada ciclo.
Al final, te toca aprendértelos con cada ciclo que vives, sea a bien o a mal. Porque también hay que tener en cuenta los ciclos buenos, los que tú eliges para avanzar, aunque desde lo oscuro cueste verlos.


-Una entrada con este título no se merecía esta oscuridad-.