jueves, 30 de octubre de 2025

Átomos dispersos.

Me echo de menos. Me echo mucho de menos. No sé dónde estoy.

Me echo de menos hasta el punto de contar segundos del día. Hasta el punto de levantarme y acostarme en un parpadeo. Hasta el punto de que la música me busca a mi, y ya no la busco yo a ella.

No sé hasta qué momento me echaré de menos, pero creo que si sigue más profundo llegaría al átomo de mi creación.

Al último átomo de tinta.

Al primer átomo de caricia en mi piel.


Sé, a ciencia cierta, que sin ellos no sería yo. Sé, a ciencia muy cierta que a ti, que sé que me lees, te llevo de mezcla en mi ser. Te llevo de base en mi corazón.

Sé que tengo sangres mezcladas y que con la mía sola no podría ni respirar.

También te llevo a ti, que sé que no me lees, que sé que no estás. Porque las flores también rompen el asfalto y las raíces deforman el paisaje.


A veces pienso que no son explosiones, que no son picos ni necesidades esto que me surge. A veces, pienso que me he hundido tanto en la vida adulta y en mi oscuridad que para resurgir, cuando ya miro hacia arriba, solo veo esa luz característica que sale de vuestra representación. Y son ellas las que hacen que lata mi corazón con esta fuerza.

La realidad: la vida adulta es una excusa, porque no tengo recuerdos de otra forma de vivir que no haya sido así, sin contar con los corazones que me rodean. Resulta irónico pensar en la independencia que desprendo y que realmente no pueda caminar sin ellos.

No sé cuántos años han pasado desde que empecé a escribir, ni cuántos años han pasado desde que aparecieron en mi vida. Pero sé que no puedo explicar lo que siento ni voy a poder hacerlo nunca. Lo siento, creo que es mi mayor defecto.

Las palabras que no sé sacar de mi ser, las intento transformar en algo que no se ve pero que sé que recibís. Sé que se siente.

Con el alma, con la vida y con el ser. Eso será para siempre.

jueves, 24 de noviembre de 2022

Amparo.

Qué tendrá tu nombre que te rodean historias indescriptibles.
De fortaleza.
De desamparo.
De lucha.
Qué tendrá el tuyo, Amparo, que sin conocerte me preocupas, aunque a la vez no quiera ninguna carga.
Que sin conocerte ni pretenderlo, me has llegado al alma, aunque pueda ser temporal. Pero ahora pincha.
Lo impactante de ver un momento de vulnerabilidad personal y que sea yo, una completa desconocida, la que te acompañe. Hay tantos tipos de vida como personas, pero el saberlo no hace que impacte menos. Y es impactante ver la gravedad de ciertas cosas, ver la importancia, la inactividad, la soledad o la depresión frente a ello.
La vida puede llegar a ser cansada y a veces se refleja en un rostro cansado, arrugado, triste, vacío, o incluso con la felicidad que da tu familia: los animales. En una voz... El sonido de una voz.
Siempre es más compleja de lo que se ve.

miércoles, 24 de febrero de 2021

Cobarde.

Aún te recuerdo. Aún recuerdo tu risa nerviosa, tu risa grande, la risa falsa. Es curioso, recuerdo mucho el sonido de tu risa, era muy particular. 

Recuerdo muchas cosas, en pasado, porque es lo que me queda, lo que me dejaste. Un día a día que nunca antes tuve, que quizás supe o no llevarlo, pero bien aprovechado. Una mano tendida si necesitaba algo. No te importaba hacer lo que fuera, nunca te molestaba. Y terminé aceptándolo y aprendiendo a dejarme ir en que no te molestaba, era gratificante. Me quedo con eso para siempre.
Una pizca (no tan grande) de curiosidad, apuntarte a hacerlo todo aunque a veces te tuviera que empujar (pero qué bien quedaba después). Aunque poco a poco costaba más empujarte en algunas cosas, y yo tenía menos fuerza. 
Quizás no llegamos a explotar, pero sí ardimos, ardimos mucho internamente. Te debo felicidad, estabilidad, parte de madurez y con un día a día tan agradecida que desconocía... 
Tantos momentos y tanto tiempo compartido, tanto de mucho y tanto de poco. No tengo otras palabra que gratitud enorme, y tristeza interior enorme también. 

Aún eso me sigue quemando por dentro. Me sigo obligando a aceptar que ya no hay nada en mi mano, nada más que hacer desde este lado, nada más por insistir al aire. Y sigo sin pretender nada, creo, no por 'esto' lo pretendo. 

sábado, 26 de diciembre de 2020

Mi chica.

Qué pequeñita y delicada eras...
Te fuiste con él, casi como él.
Lo pasaste muy mal en tus últimos días y me mata saber que te fuiste solita o sufriendo.

Qué suerte, qué suerte haberme podido despedir de ti. Menos mal que te cogí, si no, nadie lo haría. Menos mal que descansaste un poco en mi pecho. Ahí te despediste de nosotros, ahí te quedaste ya tranquila, aunque tenías mucho miedo. Siempre fuiste muy miedica, pero con algunas cosas que pasaste no era para menos. 

Ojalá ahora estés con él y te de todo el amor que te faltaba por recibir, te fuiste muy pronto. Todo igual.
 
Nos has dado mucho amor, lo único que querías era amor y atención. Como aquella última vez que viniste a mi habitación, estando malita y sin haberte movido en un par de días... Sabías que yo te iba a coger en mis piernas o te pondría a mi lado en la cama. Como el resto de días, que ya te traía yo; para que pudieras descansar de la campana, estar calentita, sentir a alguien cerca, que te dieran amor, mucho, para acariciarte, para que no te sintieras sola. 

Tus hermanas te van a echar mucho en falta, y nosotros que comprendemos algo más qué ha(s) pasado, también. 

sábado, 7 de noviembre de 2020

A fuego.

Ya casi no recuerdo aquella estación de autobús. Casi no recuerdo los transbordos, casi se me olvida el camino a recorrer hasta aquel portal, que casi tampoco recuerdo, como ese ascensor.
Casi no recuerdo los rincones que obligatoriamente eran parada. 

Casi, casi, no recuerdo aquellos abrazos, a cámara lenta, que son hogar y calor. 

Lo que sí recuerdo es cada promesa que nos hicimos. Cada palabra que salía del corazón. Y que a día de hoy, siguen vivas. Que cada mirada sonreía con verdad, y si no, yo sabía verlo. Que cada mirada sabía sonreír. Que formamos parte de un -uno-. 

Los tatuajes. Los fuertes, los casa, y los corazón. Los que me hablan y yo cumplo. 

Recuerdo el dolor, la felicidad, la incertidumbre, el miedo atroz, el desgarro, la sonrisa, la paz, el huracán. Las letras, los fotogramas. La valentía. Y el desierto final. 

No se me olvidará que igual que me diste todo, también me lo quitaste. Me llenaste y vaciaste casi por igual. Conocí el cielo y el infierno a la vez. Y a día de hoy me acompañan. 

Pero siempre querré volver al que fue mi hogar cada vez que me hunda bajo el subsuelo. Siempre me gustará enseñar mi sonrisa a la que fue pionera, cuando me salga. Siempre podrás verla, calentita, cerca de lo que me queda de corazón. 

Ojalá te tuviese a día de hoy más cerca de mi cuerpo, y poder calentarnos cada vez que lo necesitemos, con ese rodeo al alma que siempre curó cualquier destrozo. Y aunque no lo haga, el calor es suficiente.

Hay que saber rodear almas hoy en día, y no es fácil que sepan ni saber. 

Creo que hace muchísimo que no te lo digo... Te quiero. 

domingo, 25 de octubre de 2020

(In)certidumbre.

Se le notó el miedo. En ese último beso, no quería terminarlo. Todo fue muy deprisa menos él, que fue una breve pausa, un grito en silencio. 
Se me notó el miedo. Las ganas de que no sonase el despertador, o comprarme un billete y volar a su lado.
Volar tan lejos y tan alto.

Se notó el miedo en medio de una pandemia, y la incertidumbre que la inunda. Se notó en las dudas de -merecer y necesidad- bajo el manto de seguridad en una misma.

Una de las cosas que hasta agradezco en estos últimos meses, hoy me desespera y asusta su incertidumbre. Pero "juntas en cada fase". Sea como sea. 

Durante el camino cada vez las canciones iban más directas. Unas manos en mi barriga, al ritmo de un estribillo precioso. Miradas de reojo nuestra especialidad, y miradas directas ya inevitable.

Ella no tiene nombre porque está fuera de este planeta, casi igual que la distancia que nos separa. Cinco días o cinco horas, ya no los diferencio al pasarlos juntas. Incluso cinco minutos valdrían la pena. Pero pediría más. 

Siempre apostamos por y con el corazón, y ojalá secar el mar y quemar kilómetros. Y que me sintiera ahí con ella, bien cerca. 

Le dejo tener tanto miedo como yo misma, pero ojalá siga queriendo verme, con más ganas. En cuanto me dejen, nos dejen. Ojalá con la sonrisa que abraza al verme llegar, al verla acercarse. Y, ojalá, con la luz que nos rodea. 

Porque será(s) lo primero que me dejen hacer como primera necesidad básica. 




miércoles, 22 de julio de 2020

Ciclos de La Luna.

Cómo te dices a ti misma que todo esto "solo es una fase", que todo pasará, vendrá algo nuevo, el ciclo se cerrará. Cómo te dices que en el agujero en el que estás metida, hay una salida, y que ya llegará el momento de salir.
Ya sabes y tienes asimilado que todo en la vida son fases, momentos, acciones. Sabes que todo pasa. Pero cómo lo aceptas cuando estás en lo oscuro. Cómo haces para frenar en seco, pensar en frío y comenzar a abrir los ojos (aún más).
Quizás todo son ciclos, pero ciclos absolutamente diferentes. Y sí, con lo aprendido en el anterior te sirves para comenzar este, pero tanto el ciclo como tú, sois totalmente diferentes. 
Y ahora qué.
Que las fases, ciclos y caras de la luna son siempre los mismos. Porque estoy en la misma ciudad, en el mismo país del mismo continente desde que nací.
Pero en la vida real, nunca es la misma ciudad en la que pasas cada ciclo.
Al final, te toca aprendértelos con cada ciclo que vives, sea a bien o a mal. Porque también hay que tener en cuenta los ciclos buenos, los que tú eliges para avanzar, aunque desde lo oscuro cueste verlos.


-Una entrada con este título no se merecía esta oscuridad-. 

martes, 16 de junio de 2020

Y a vivir.

En la vida hay fluctuaciones y constantes: tú eres ambas. El equilibrio y la indecisión, la belleza y la inseguridad, la calma y la locura, la dirección y la indecisión. ¿Lo más curioso? Que siempre (me) transmites apariencia de entereza, de calma, de seguridad, de ese amor tan particular que tú llevas. Aun cuando te deshaces delante mía, lo menos que somos es humanos. 
Permito que la vida me aleje de ti de vez en cuando, siempre y cuando me vuelva a acercar a tu persona. Que bueno, conmigo siempre vienes, por mucho que estés en la otra punta del mundo. Que nos acerque siempre para revivir cada locura que hemos pasado y para pensar en las que nos quedan por vivir. O no, quizás es mejor dejarlo al azar, ya sabes.
Siempre diré que cada persona es diferente, y aprecio cada particularidad que os diferencia de forma inmensa, pero tú sales más allá de las peculiaridades. Viviría contigo tantas cosas como se pudieran. 
Porque al final, cada cosa que vivimos, se explica mejor dentro de nosotras que en una imagen. 
Ojalá pudieras ser constante dentro de ti misma en algunos aspectos, que pudieras acariciarte por dentro y ver lo suave y calentito que está, pero de algo tenemos que aprender a lo largo de nuestra vida. Suavecito como por fuera, esa mano en el hombro que siempre te caracterizará y formará parte de la historia, y esos besos y abrazos que te hacen ver que no todo es lo que aparenta. Eres abrazable, dan ganas de darte por culo en contra de tu romanticismo y a favor del cariño. 
Es un camino tan largo como lo que nos quede por delante. Los pasos, mientras se den en buena dirección, da igual el tamaño. 
¿El reloj de arena? Tenemos dos opciones. Llenarlo entero hasta que no se pueda mover ni un granito o tumbarlo, que se jodan en el sitio. Tú decides, cualquiera de las dos me vale. Ya te digo que, igualmente, está "medio lleno". 

Te quiero -fuertemente-, amor. 

lunes, 15 de junio de 2020

Heridas de guerra.

¿Cómo puede ser que solo me rodee de gente con luz? De gente que se queda dentro. También las han habido más turbulentas, pero nunca recuerdo la tormenta, me quedo con el viaje.
Cómo puede ser que solo vibre con lo bueno. Cómo no me quedo nunca con lo jodido. No lo entiendo. 
Ojalá poder quedarme con lo duro, con los golpes. Ojalá que hubieran golpes, más fuertes. Más duraderos.
Porque los necesito. 
Porque cuando tienes una herida puedes curarla con alcohol, y curará rápido o dejarla sola, y curará jodido y lento.
Y dadme ya el tirón de la venda, porque como no empiece eso a sangrar y poder curarlo, va a empezar a hacer costra hacia dentro. 
Y no sé cómo de bueno es eso.

Y al final, todo suman heridas de guerra. De supervivencia, de mejor o peor manera. Pero qué importante es tener marcas en la vida. 
"Si luchas, puedes perder. Si no luchas, estás perdido". 

domingo, 3 de mayo de 2020

Los seres que me llenan.

Ahora, ahora que nuestras vidas están en pausa relativa.
Ahora es el momento de empezar si aún no lo has hecho, porque mañana será tarde.
Hablo de pensar como si fueses Universo. Estás hecho de miles de millones de estrellas, agujeros de gusano, agujeros negros, galaxias, de explosión y de "nada".

Ojalá tengáis la suerte que tengo yo con las personas que me rodean. Todas, absolutamente todas, forman parte de mi galaxia. Y creo que no podéis haceros una idea de lo que significan cada una de ellas. No podéis calcular la cantidad de interacción interna que tengo. Mis partículas reaccionan a las vuestras de tal forma que incluso a veces duelen por dentro, quieren salir, explotar.

Ojalá sepáis mirar más allá de las capas de sus atmósferas. Tenemos a nuestro al rededor estrellas que calientan el alma de cualquier espacio, y no sabéis verlo, joder.

He de advertiros que realmente no hay distancia real entre nosotros, hay una "nada", la cual mido en años-pasión.
Tengo naves, tengo piloto, tengo espacio y tengo camino a seguir. Ustedes tenéis mi combustible y la luz.

Jamás tendré nunca palabras exactas para describir esa sensación de euforia al descubriros. De paz, de viviros. Y de felicidad, por la mutualidad. Ojalá nunca dejen de aparecer nuevos cosmos en mi vida, porque cada vez que lo hacen... Joder, qué alimento se vuelve la vida. Qué de nuevas conexiones se crean en mis caminos. Merece la pena vivir en la inmensidad si cuando aparecen, son tan revolucionarios.

A l(os) nuevo(s) tripulante(s): Disfruta del viaje, porque será eterno. Huiremos hacia adelante, a mil años-pasión por vida. Os llevaré bajo la piel siempre que pueda meterme en la vuestra; y viviros, y abrazar justo en el centro. Donde reside el cosmos personal. Y puede que casi lo desconozca, pero sé reconocer dónde hay brillo, aunque suene pretencioso casi nunca me equivoco. También sé que solo una de cada mil veces encuentras cosmos similares.
A veces no tendré palabras, no sabré sacarlas o no será el mejor momento para hacerlo, y es algo que tengo que vivir con ello. Pero podréis meter vuestra cabeza en mi pecho para verlo todo.
Espero que nadie os apague si quiera un lumen de intensidad, porque los agujeros negros los hago crecer con ellos de alimento. Que nadie nunca os diga que brilláis demasiado, ni tampoco que vuestra luz es demasiado tenue, porque no se merecerán vivirlo. Ni sabrán. Qué pena por ellos.
Y sé que el camino por el negro espacio a veces no es fácil, pero subid el volumen de la nave, a tope, que os retumbe dentro.

A los que ya viven: Sois mi vida. Nada menos.

A los que vivieron: Las partículas nunca vuelven a ser las mismas tras el paso de otras, tras las explosiones y pisadas en todas las lunas. Todas las huellas permanecerán siempre hasta que el viento viva en el espacio: nunca.

miércoles, 15 de abril de 2020

Buceando se ven los monstruos.

Que la cuestión no es que me des mi espacio, ni escuchar lo que quiero oír. 
Es que me rompas los esquemas,
pero a bien. 
Que se inunde el mundo bajo mis pies. 
No es cuestión de cautela, es cuestión de amor, 
o era cuestión. 
Tiemblo pensando en qué pasará, en qué será, en qué es y vendrá. 

Buceando se ven los monstruos, 
y hay que ser capaz de mirarlos a los ojos. 

Que han venido, han venido barcos a intentar salvarme.
Y os juro que durante unas horas el mar ha estado en calma, con todas las alimañas bajo el agua pero en calma. Cómo necesitaba esa noche.

Y qué vértigo a la vez.

En el ojo del huracán nunca hay silencio. 
Qué bien, que no perdáis la esencia, no al menos conmigo. 
Que seáis mi yo. 

jueves, 19 de diciembre de 2019

"Por tu olor, no por tu perfume".

Me gusta contar las cosas que sueño. Pero me gusta contar mis sueños cuando son verdad. Hacen que cuente sentimientos con historias creadas por mi sin haberlas creado a conciencia. Ahora que casi soy incapaz ya.

Porque lo bonito de tener sentimientos por alguien, incluso sin hablar, es contarlo. Sea de la forma que sea. Llenarte sacando todo lo que te llena. Raro, ¿no? Pero real.

¿Has probado a hablarle a alguien porque sí, para contarle lo que te transmite? Aunque con el tiempo esa percepción cambie. Pero hoy en día no estamos acostumbrados a que eso pase y siempre solemos malinterpretarlo, minusvalorarlo o incluso "dejar en visto" sentimientos al descubierto. Increíble pero cierto.
Qué bonito es que dos personas se abran una frente a otra, hasta el punto de sentirlo tanto como la persona que tienes delante. 

Os reto a dejar un día entero de lado la frialdad de la rutina y las prisas. A hablar y escuchar con el corazón. A ser más que tú mismo y querer meterte en otra piel.
A querer, querer y sentir mucho. 
Aunque sea por una lechuga, zanahoria o pimiento. 

sábado, 5 de enero de 2019

Para ti, que aún me lees.

Sé que me lees, que vuelves a menudo a buscarme y a buscarte.
Si me lees de verdad, aquí estoy.
No me canso de pedirte inspiración, y aunque alejadas, siempre la tendremos.

Volvamos a vivirnos tanto como antes, por favor. Te necesito cerca, te necesito conmigo, te necesito sin más. Que ya es mucho.

La vida me daba vivir momentos de paz, de minutos o de días. De música o silencio. De risas, o no. De momentos improvisados o planes de meses.

Si me lees aquí, dímelo. Dímelo siempre que te vuele cerca, siempre es bonito.

A veces me gustaría controlarte, para guiar tu espacio dentro de mi, pero es imposible. Vas por donde te da la gana. Y es bueno y malo, no sé explicarlo.

Siempre hubo cosas que a día de hoy negamos,
con palabras.

Cuídateme, por siempre.

miércoles, 14 de marzo de 2018

Autoterapia I.

Intenté escribir canciones de amor cuando solo me cubría el dolor.

Todos deberíamos hacer un pacto para ser sinceros sin ser juzgados, y que acepten (y aceptes), por un camino u otro, tus cambios y decisiones.

Pedí tanto perdón que jamás volví a sentirlo.

Hay dos formas (o partes) de ver las jaulas; sus huecos o sus barrotes. Los primeros te hacen creer en la libertad, añorar algo que no has tenido desde que entraste, quizás envidia o impotencia Los segundos, te hacen ver la realidad; el frío que desprenden, su color neutro. Te hacen ver el lugar en el que estás. ¿Que pasa si corres dentro de ella? ¿Se crea una ilusión óptica como cuando giras rápidamente los colores primarios?

Cada día te soplan intentando apagar tu vela, y mientras intentas que eso no pase, la cera se consume.

No sé si llegará, llegó o si ha llegado.
Cada día busco cambiar algo externo, como intentando hacer de espejo aquí dentro. Quién sabe. La ironía puede aplicarse a mil ámbitos en la vida.

"Sé que no me queda mucho más tiempo de luz salvaje. Pero déjame mientras resista que me desangre".

Siempre cumple tus promesas, porque siempre hazlas con verdad. Así sabrás que siempre.

Las palabras pueden usarse de mil formas y hoy en día parece que solo estamos configurados para una: herir. Sin pensar.

Las naves espaciales están para usarlas. Habla con las estrellas. Salir de la órbita es vital.

Los problemas son mucho más fáciles de sopesar desde fuera o una vez pasados. Por eso la gente no entiende que yo necesite irme lejos. Lejos donde sea. Quizás me ayude a empezar a deshacer el nudo, o simplemente me aleje de él. Cualquier opción es, más o menos, válida para mi. Con sus consecuencias diseccionando.

Todo cambio empieza en la pregunta, no en la respuesta.

Podemos manejar las respuestas a antojo de nuestras preguntas. Y manejar nuestra vida a manos de sus respuestas.

Vivimos dormidos a manos de un mundo lleno de redes, de electricidades frías sin sentimientos.
Sin sentimientos, recordad eso.

sábado, 23 de septiembre de 2017

Buenos días, vida.

Buenos días, mundo. Eso es lo que digo al amanecer, contigo.
Solo necesito ver tu luz para saber que el día comienza y acaba de la misma forma, con ganas.
Y todo eso deja al descubierto tus mil virtudes a (mis) ojos imperfectos para poder disfrutarlas, con caricias.

Siempre pensé que los atardeceres eran el punto clave del día, pero ahora cada segundo es un punto clave. Y digo segundo como si dijese día, porque eso son, segundos.
Las historias están para crearlas, para vivirlas, para disfrutarlas sin planear. Sin planear la vida se vive mucho mejor; y mira que planear o atar todos los cabos es nuestra especialidad particular.
Pero eso fue, un huracán que no se esperaba y que no se pudo planear; la naturaleza no se puede controlar. Que el viento no se puede abrazar, dicen los que no se han parado a mirarte; pero es mentira, no saben hacerlo. [Quizás buscar el verano en un invierno no resultó ser lo esperado], pero desear un invierno en este verano está resultando ser la vida, la felicidad y la clave.
Ahora soy lo contrario a lo que fui, ahora sé qué hay dentro y aún así también sé y haré por ser feliz con lo que quiero. En resumen, querré tu luz hasta quedarme ciega aún con visión y el tacto se vuelva tan fino que en cada surco suave de esa piel rayada se lean versos. Los de tu interior. Los que se evaporan por cada poro de tu escudo.
Tu personal mirada y tu particular forma de pensar, la forma de agarrar con movimiento repetido e inconsciente, cada caricia suave y tacto áspero, cada línea de balizamiento de tu cuerpo, cada abrazo superior, las sonrisas desde que sin contar, ya contaban. Tu persona bajo la piel, con esa me quedo.
Ni la sonrisa más triste ( :C ) ni las lágrimas más risueñas (😴) habían sido hasta ahora tan "paz" como lo son.
Paz, calor, luz y libertad. Las cuatro plantas que escojo yo, junto con ese "hábito de ti".

Sé lo que no quiero, ahora estoy a salvo.

domingo, 28 de mayo de 2017

Pequeño gran placer.

¿Os habéis planteado alguna vez cuáles son los pequeños placeres de la vida?
Sí, ver una puesta de sol, contemplar el mar, el primer baño del año, tu comida favorita, alguna pequeña sorpresa, algún pequeño detalle, hacer regalos, abrazar, besar, ir al cine, reír hasta llorar, ver a alguien que hacía tiempo no veías, una llamada, un mensaje, una sonrisa, mirar la Luna, las estrellas en verano, ir a la playa en invierno, escuchar tu canción favorita a todo volumen, conducir, hablar sin abrir la boca, dormir con ese alguien, hacer una foto perfecta...
Yo tengo muy claro cual es el mío por excelencia, el que se suma como principal a todo lo anterior y alguno que se quede por detrás. Ese que te marca la diferencia como persona, que de uno entre tantos, de "pequeño", pasa a ser inmenso.
Hablo de dejar huella.
Hablo de dejar marca sin dañar o pretenderlo, nadie es perfecto.
Hablo de hacerte sitio en la vida de los demás.

Hablo de ser únicos.

Sobretodo, hablo de ese momento en el que te das cuenta de cuán importante eres o has sido en la vida de alguien. Y quizás no necesariamente importante, sino impactante, sutilmente impactante.
Hablo de ver tu rastro tras los ojos de esa persona, de que ellos lo entrelacen con sus caminos, y lo hagan suyo.

Me refiero a esos momentos en los que te sientes orgulloso no solo de tenerles en tu vida, sino sobretodo de darles y ver qué capaces son de hacer qué con lo que reciben.

Esa increíble sensación que te deja sentirte rastro en sus vidas, verles evolucionar y quizás con un poco de tu presencia. Ver que crecen y sentirte parte de cada centímetro que avanzan.
Es impactante verte en tantas personas reflejada, ver que dar una opinión, la sigan o no, ha podido marcar sus vidas y aún así la han tenido en cuenta. Que confíen ya para poder darla y que te escuchen. Que quieran escucharte.
Que les abras los ojos o se los cierres aún más. Y arriesgan, que prueban, que se tiran de cabeza y que si se tuerce, me tengan ahí.
Y qué hay más magnífico que ser una estrella más en la galaxia, pero que todas juntas hagan un paisaje precioso. La Luna sin la tierra no tendría atracción a su gravedad.

domingo, 2 de abril de 2017

Es como mi vida.

Es como mi vida.
Venir una tarde a ver el atardecer, el hecho de coger el coche y venir a su decrecimiento.
Pero escribo, escucho música, atiendo, me evado... Y cada vez que levanto la cabeza queda menos luz.
Hasta que sin darme cuenta se ha puesto el sol.

Que sí, he venido a verlo,
pero no he mirado.
O lo hice intermitentemente.

_________________________________

Quizás físicamente era eso lo que necesitaba, simplemente venir,
y estar aquí,
aunque me distraiga.

Aunque quiera repetir el día para volver a intentar ver atardecer.

Corre.

Yo no soy una persona que tropiece con la misma piedra dos veces.
Yo soy esa que, sin planearlo, acaba queriéndola tantísimo que se tumba con ella en el suelo. A vivir lo que ella. Como ella, inmóvil y caliente por dentro.

A veces me abraza estando ahí tumbadas, pero sé que no deja de ser una piedra, y quizás el abrazo solo esté en mi mente; pero yo lo siento.

Siempre siento.

No sé si debo regalar cada pedazo vacío de mi a las personas que tengan su contenido, o si intentar rellenar de nuevo todo eso. O quizás dejarlo como está.
Lo que sí sé es que la última opción no la puedo escoger.
Quizás regalarlo sea la mejor opción. Regalo, me desprendo de rincones "vacíos" y encima sea más o menos lo que hay lleno, será un 'completo'. Se supone que todos son ventajas.

Pero claro está, no es un trozo material del que tú puedas disponer, partir ese pedazo como quien parte un trozo de pan y se lo da a alguien. Ahí la complejidad.

Nunca debemos renunciar a lo que nazca de dentro, solo abrir los brazos y sostenerlo, fundirte con él y que explote de realidad.
Guarda tus energías para esa salida explosiva y llegar a meta, que correr en círculos no te hará nunca avanzar.
Y te hace perder, en todos los sentidos.


La cuestión,

¿y qué pasa si explota sin planearlo ni esperarlo? Tú no has previsto esa salida, qué hace tu cuerpo corriendo.
Qué hace.

Qué
hace.

Y es que a veces también va por libre.

Corre gilipollas. Corre, pero hacia el otro lado.

lunes, 20 de marzo de 2017

Constantes vitales.

Creo que todos, a lo largo de nuestra vida, hemos mantenido a personas en "constantes vitales", ya sean acabadas o actualmente en curso.
Tengo varias en curso a las que daría todo, pero siempre hay una que sobresale.
Y mi actual constante es ella. Únicamente ella.

¿Que qué es una constante? Una constante es lo que mantienes a pesar de que todo lo demás se altere. Es lo que no cambia cuando todo a tu al rededor ha dado tantos giros que hasta te has mareado. Es eso que siempre buscarás, a pesar de estar perdida y ni siquiera querer encontrarte y lo que te mantendrá cuando solo haya cuestas.

A pesar de las cuestas, no cambia. A pesar de los cambios, ahí sigue. A pesar de las bombas, de las rabias, de las ausencias, no cambia de posición; siempre el mismo lugar privilegiado.
A pesar de rabiar cada día, de la necesidad de huir y salir de "aquí". De cerrar los ojos y despertarse en otro momento.
Porque sabes que te bajas del mundo, pero de su mano. Y también aprendes que a pesar de que el mundo cambie de órbita, te sonríe.

A pesar de los centímetros, a pesar de las rabias interiores, a pesar de los aviones y de las idas y venidas. 
Porque a pesar de las dudas, no dudo en que eres mi única constante, actual.

viernes, 17 de marzo de 2017

Más que triste, es real.

Todo es cuestión de prioridades;
más aún en este mundo cínico, frío tras una pantalla, "multipersona" y que no se centra en cada momento importante.
Es triste que no exista educación cuando pasamos al táctil, humano; y sigamos con el táctil, del móvil.
Es absurdo que intentemos llenar conversaciones con monosílabos en vez de reflexiones, cariño o simple atención. Tan absurdo como narrar lo que ya sabes.
Conversaciones banales que reciben orden de primer plano, como si lo más importante fuese la superficie.
Hay personas que suelen estar por delante del resto, y esto debe hacerse notar, siempre que quieras hacerle ver a otra persona que lo es; como se supondría que debe ser. Hay muchas formas de (des)cuidar lo que tienes.
A veces basta con frenar, dar y sentir un abrazo, que fluya.
En eso se basa la complicidad, el silencio, la confianza, el conocer y las conexiones eléctricas. Lo más importante.

Saber aceptar las variables es cuestión de cultura, y también hay muchas formas de demostrarla; o no. A su vez, la felicidad también pasa por ella y por compartirla.
Se debe dejar de lado el "yo", y observar. En cuanto uno haga eso, el de enfrente hará de espejo y él pondrá tu "yo". Lo hará en forma de recompensa además, de forma más satisfactoria que tú mismo.
Cuando lo vives, sabes que no todo el mundo llega, que no todo el mundo lo valora, que no todo el mundo sabe verlo; porque no se elige, ni se busca.
Y todo ello sin descuidarnos, sintiendo nuestra propia electricidad.

Al fin y al cabo, podrás conexionar solo si posees electricidad dentro de ti.
Y no todo el mundo sabe conducirla.