jueves, 19 de diciembre de 2019

"Por tu olor, no por tu perfume".

Me gusta contar las cosas que sueño. Pero me gusta contar mis sueños cuando son verdad. Hacen que cuente sentimientos con historias creadas por mi sin haberlas creado a conciencia. Ahora que casi soy incapaz ya.

Porque lo bonito de tener sentimientos por alguien, incluso sin hablar, es contarlo. Sea de la forma que sea. Llenarte sacando todo lo que te llena. Raro, ¿no? Pero real.

¿Has probado a hablarle a alguien porque sí, para contarle lo que te transmite? Aunque con el tiempo esa percepción cambie. Pero hoy en día no estamos acostumbrados a que eso pase y siempre solemos malinterpretarlo, minusvalorarlo o incluso "dejar en visto" sentimientos al descubierto. Increíble pero cierto.
Qué bonito es que dos personas se abran una frente a otra, hasta el punto de sentirlo tanto como la persona que tienes delante. 

Os reto a dejar un día entero de lado la frialdad de la rutina y las prisas. A hablar y escuchar con el corazón. A ser más que tú mismo y querer meterte en otra piel.
A querer, querer y sentir mucho. 
Aunque sea por una lechuga, zanahoria o pimiento. 

sábado, 5 de enero de 2019

Para ti, que aún me lees.

Sé que me lees, que vuelves a menudo a buscarme y a buscarte.
Si me lees de verdad, aquí estoy.
No me canso de pedirte inspiración, y aunque alejadas, siempre la tendremos.

Volvamos a vivirnos tanto como antes, por favor. Te necesito cerca, te necesito conmigo, te necesito sin más. Que ya es mucho.

La vida me daba vivir momentos de paz, de minutos o de días. De música o silencio. De risas, o no. De momentos improvisados o planes de meses.

Si me lees aquí, dímelo. Dímelo siempre que te vuele cerca, siempre es bonito.

A veces me gustaría controlarte, para guiar tu espacio dentro de mi, pero es imposible. Vas por donde te da la gana. Y es bueno y malo, no sé explicarlo.

Siempre hubo cosas que a día de hoy negamos,
con palabras.

Cuídateme, por siempre.

miércoles, 14 de marzo de 2018

Autoterapia I.

Intenté escribir canciones de amor cuando solo me cubría el dolor.

Todos deberíamos hacer un pacto para ser sinceros sin ser juzgados, y que acepten (y aceptes), por un camino u otro, tus cambios y decisiones.

Pedí tanto perdón que jamás volví a sentirlo.

Hay dos formas (o partes) de ver las jaulas; sus huecos o sus barrotes. Los primeros te hacen creer en la libertad, añorar algo que no has tenido desde que entraste, quizás envidia o impotencia Los segundos, te hacen ver la realidad; el frío que desprenden, su color neutro. Te hacen ver el lugar en el que estás. ¿Que pasa si corres dentro de ella? ¿Se crea una ilusión óptica como cuando giras rápidamente los colores primarios?

Cada día te soplan intentando apagar tu vela, y mientras intentas que eso no pase, la cera se consume.

No sé si llegará, llegó o si ha llegado.
Cada día busco cambiar algo externo, como intentando hacer de espejo aquí dentro. Quién sabe. La ironía puede aplicarse a mil ámbitos en la vida.

"Sé que no me queda mucho más tiempo de luz salvaje. Pero déjame mientras resista que me desangre".

Siempre cumple tus promesas, porque siempre hazlas con verdad. Así sabrás que siempre.

Las palabras pueden usarse de mil formas y hoy en día parece que solo estamos configurados para una: herir. Sin pensar.

Las naves espaciales están para usarlas. Habla con las estrellas. Salir de la órbita es vital.

Los problemas son mucho más fáciles de sopesar desde fuera o una vez pasados. Por eso la gente no entiende que yo necesite irme lejos. Lejos donde sea. Quizás me ayude a empezar a deshacer el nudo, o simplemente me aleje de él. Cualquier opción es, más o menos, válida para mi. Con sus consecuencias diseccionando.

Todo cambio empieza en la pregunta, no en la respuesta.

Podemos manejar las respuestas a antojo de nuestras preguntas. Y manejar nuestra vida a manos de sus respuestas.

Vivimos dormidos a manos de un mundo lleno de redes, de electricidades frías sin sentimientos.
Sin sentimientos, recordad eso.

sábado, 23 de septiembre de 2017

Buenos días, vida.

Buenos días, mundo. Eso es lo que digo al amanecer, contigo.
Solo necesito ver tu luz para saber que el día comienza y acaba de la misma forma, con ganas.
Y todo eso deja al descubierto tus mil virtudes a (mis) ojos imperfectos para poder disfrutarlas, con caricias.

Siempre pensé que los atardeceres eran el punto clave del día, pero ahora cada segundo es un punto clave. Y digo segundo como si dijese día, porque eso son, segundos.
Las historias están para crearlas, para vivirlas, para disfrutarlas sin planear. Sin planear la vida se vive mucho mejor; y mira que planear o atar todos los cabos es nuestra especialidad particular.
Pero eso fue, un huracán que no se esperaba y que no se pudo planear; la naturaleza no se puede controlar. Que el viento no se puede abrazar, dicen los que no se han parado a mirarte; pero es mentira, no saben hacerlo. [Quizás buscar el verano en un invierno no resultó ser lo esperado], pero desear un invierno en este verano está resultando ser la vida, la felicidad y la clave.
Ahora soy lo contrario a lo que fui, ahora sé qué hay dentro y aún así también sé y haré por ser feliz con lo que quiero. En resumen, querré tu luz hasta quedarme ciega aún con visión y el tacto se vuelva tan fino que en cada surco suave de esa piel rayada se lean versos. Los de tu interior. Los que se evaporan por cada poro de tu escudo.
Tu personal mirada y tu particular forma de pensar, la forma de agarrar con movimiento repetido e inconsciente, cada caricia suave y tacto áspero, cada línea de balizamiento de tu cuerpo, cada abrazo superior, las sonrisas desde que sin contar, ya contaban. Tu persona bajo la piel, con esa me quedo.
Ni la sonrisa más triste ( :C ) ni las lágrimas más risueñas (😴) habían sido hasta ahora tan "paz" como lo son.
Paz, calor, luz y libertad. Las cuatro plantas que escojo yo, junto con ese "hábito de ti".

Sé lo que no quiero, ahora estoy a salvo.

domingo, 28 de mayo de 2017

Pequeño gran placer.

¿Os habéis planteado alguna vez cuáles son los pequeños placeres de la vida?
Sí, ver una puesta de sol, contemplar el mar, el primer baño del año, tu comida favorita, alguna pequeña sorpresa, algún pequeño detalle, hacer regalos, abrazar, besar, ir al cine, reír hasta llorar, ver a alguien que hacía tiempo no veías, una llamada, un mensaje, una sonrisa, mirar la Luna, las estrellas en verano, ir a la playa en invierno, escuchar tu canción favorita a todo volumen, conducir, hablar sin abrir la boca, dormir con ese alguien, hacer una foto perfecta...
Yo tengo muy claro cual es el mío por excelencia, el que se suma como principal a todo lo anterior y alguno que se quede por detrás. Ese que te marca la diferencia como persona, que de uno entre tantos, de "pequeño", pasa a ser inmenso.
Hablo de dejar huella.
Hablo de dejar marca sin dañar o pretenderlo, nadie es perfecto.
Hablo de hacerte sitio en la vida de los demás.

Hablo de ser únicos.

Sobretodo, hablo de ese momento en el que te das cuenta de cuán importante eres o has sido en la vida de alguien. Y quizás no necesariamente importante, sino impactante, sutilmente impactante.
Hablo de ver tu rastro tras los ojos de esa persona, de que ellos lo entrelacen con sus caminos, y lo hagan suyo.

Me refiero a esos momentos en los que te sientes orgulloso no solo de tenerles en tu vida, sino sobretodo de darles y ver qué capaces son de hacer qué con lo que reciben.

Esa increíble sensación que te deja sentirte rastro en sus vidas, verles evolucionar y quizás con un poco de tu presencia. Ver que crecen y sentirte parte de cada centímetro que avanzan.
Es impactante verte en tantas personas reflejada, ver que dar una opinión, la sigan o no, ha podido marcar sus vidas y aún así la han tenido en cuenta. Que confíen ya para poder darla y que te escuchen. Que quieran escucharte.
Que les abras los ojos o se los cierres aún más. Y arriesgan, que prueban, que se tiran de cabeza y que si se tuerce, me tengan ahí.
Y qué hay más magnífico que ser una estrella más en la galaxia, pero que todas juntas hagan un paisaje precioso. La Luna sin la tierra no tendría atracción a su gravedad.

domingo, 2 de abril de 2017

Es como mi vida.

Es como mi vida.
Venir una tarde a ver el atardecer, el hecho de coger el coche y venir a su decrecimiento.
Pero escribo, escucho música, atiendo, me evado... Y cada vez que levanto la cabeza queda menos luz.
Hasta que sin darme cuenta se ha puesto el sol.

Que sí, he venido a verlo,
pero no he mirado.
O lo hice intermitentemente.

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Quizás físicamente era eso lo que necesitaba, simplemente venir,
y estar aquí,
aunque me distraiga.

Aunque quiera repetir el día para volver a intentar ver atardecer.

Corre.

Yo no soy una persona que tropiece con la misma piedra dos veces.
Yo soy esa que, sin planearlo, acaba queriéndola tantísimo que se tumba con ella en el suelo. A vivir lo que ella. Como ella, inmóvil y caliente por dentro.

A veces me abraza estando ahí tumbadas, pero sé que no deja de ser una piedra, y quizás el abrazo solo esté en mi mente; pero yo lo siento.

Siempre siento.

No sé si debo regalar cada pedazo vacío de mi a las personas que tengan su contenido, o si intentar rellenar de nuevo todo eso. O quizás dejarlo como está.
Lo que sí sé es que la última opción no la puedo escoger.
Quizás regalarlo sea la mejor opción. Regalo, me desprendo de rincones "vacíos" y encima sea más o menos lo que hay lleno, será un 'completo'. Se supone que todos son ventajas.

Pero claro está, no es un trozo material del que tú puedas disponer, partir ese pedazo como quien parte un trozo de pan y se lo da a alguien. Ahí la complejidad.

Nunca debemos renunciar a lo que nazca de dentro, solo abrir los brazos y sostenerlo, fundirte con él y que explote de realidad.
Guarda tus energías para esa salida explosiva y llegar a meta, que correr en círculos no te hará nunca avanzar.
Y te hace perder, en todos los sentidos.


La cuestión,

¿y qué pasa si explota sin planearlo ni esperarlo? Tú no has previsto esa salida, qué hace tu cuerpo corriendo.
Qué hace.

Qué
hace.

Y es que a veces también va por libre.

Corre gilipollas. Corre, pero hacia el otro lado.